AVISO: LA PALABRA "DOLEDAD" NO SE ENCUENTRA EN EL DICCIONARIO...

En 1969 Joseph Kosuth establece su ideario sobre el Arte Conceptual, en el que constata la naturaleza autorreferencial del Arte y su amalgama de estrategias para expandir y cuestionar sus propios límites. La idea precede al objeto en sí, incluso lo sustituye, en su afán de transparencia formal y pulsión intelectual.

Este movimiento surgió en clara oposición al formalismo precedente y de alguna manera extiende sus tentáculos hasta el presente. Hasta el punto que refiere una extensa gama de prácticas artísticas actuales lejanamente emparentadas con su nomenclatura original.

El término conceptual se usa y se deforma, llegando incluso a ser sinónimo de hermético o incomprensible; dando una pátina de prestigio —o de prestidigitación— atestando de contenidos o aportando connotaciones felizmente radicadas en la excelencia intelectual que muchas veces se tambalean a la luz del ideario primordial. A día de hoy, ¿qué significa decir que un artista contemporáneo es conceptual?

La transgresión del Arte Conceptual en su momento ha dado paso a un contenido sobredimensionado en una formalidad materializada y mercantilizada en ferias y bienales. Es tanta la influencia y el prestigio de aquello conceptual que se convierte en etiqueta legitimadora. ¿Puede irrumpir una nueva etiqueta para reubicar la confusión?

En el texto citado, Art After Philosophy, su autor clarifica muy bien el estado de la cuestión en lo que se refiere a la concepción de aquello conceptual. Es más, Kosuth utiliza la palabra “conception”. No utiliza en cambio la palabra “concept” sino para hablar del concepto del arte, de lo que entendemos por arte, y es en este aspecto donde abre compuertas. Es esta sutil diferencia ente concepto y concepción lo que significativamente posiciona un cambio de la abstracción ininteligible, a la fecundidad de las ideas en colisión.

El políptico en expansión que es “Concepcional rather than Conceptual” constata una escisión en el lenguaje a la vez que homenajea la ya mítica obra de Joseph Kosuth. La constatación de las tres realidades para un mismo concepto de One and three chairs, de Kosuth, deja evidencia de las representaciones formales de un mismo objeto, junto a este, su imagen y su vocablo convenientemente definido.

En cambio, cada una de las hojas de la serie de “Concepcional rather than Conceptual”, plantea una nueva palabra o nueva definición, no incluida actualmente en el diccionario. Palabras que a lo largo del tiempo se aparecen en la cotidianidad del estudio y llegan a designar nuevas ideas, conceptos ajustados, connotaciones diversas, que necesitan de mención aparte: nubledad, doledad, cumulolimbo, etc. El lenguaje está vivo y es articulable, maleable aún en el proyecto esbozado de definir nuevas significaciones. Este diccionario hecho a medida, aventura a su vez una posible definición, partiendo del lenguaje académico utilizado en el Diccionario de la Lengua Española; inserta el vocablo en su correspondiente lugar alfabético dentro de la página; proyecta su lugar certero dentro de una estructura cerrada, completando la idea de verosimilitud.

La contraindicación comienza al advertir que esta obra parte de una formalidad pues se percibe un dibujo minucioso de las letras con grafito. Lo conceptual es, de nuevo, confrontado a lo formal, a lo físico y estético. ¿El formalismo presente aquí puede ser conceptual? De forma que la obra no solo proyecta esta pregunta hacia al presente, augura además una hipótesis hacia el futuro: la flexibilidad y maleabilidad del lenguaje que se adapta a nuevos usos, hablantes y necesidades. ¿Puede una palabra inventada por necesidad individual extenderse a su uso común y generalizado?

El gran triunfo de lo conceptual es, sin duda, la entrada de la experiencia filosófica en el reino de lo visual. Incluso su sustitución. Por ello el título del ensayo de Kosuth fue precisamente este: Art After Philosophy. Como una premonición de la deriva en el arte.