DEL TIEMPO EN CÍRCULOS

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Del latido del tiempo brota la conciencia del ahora que impulsa el trabajo presente, centrado en los relojes mecánicos de cuarzo y en su unidad de medida, el segundo (seconda minuta: segunda división de la hora, también fracción de una circunferencia). Las manecillas de los segunderos toman protagonismo obstinados en avanzar, recordando que cada segundo pasa y deja huella. Cada segundo late y vibra tras un fondo de palabras, tambor de piel donde repica. Cada segundo suena y resuena a irrecuperable.

Al latido que estalla en ahoras, se superpone el relato. Igual que el trazo del reloj dibuja un ciclo reiterado sobre su propio eje, resiguiendo la danza de su circunferencia, gravando con precisa coreografía el surco de lo cotidiano.


































De ahí el término ENCICLOSOFÍA, del saber en círculos, concéntrico y cíclico, como hipótesis de aquel tan cercano aprendizaje enlazado a la vivencia de la repetición. De sus nociones de sabiduría pegada al cuerpo, a los días, a las estaciones, a las generaciones, a las entrañas… En definitiva, aquella sabiduría que despliega el paso del tiempo y con este se consolida en bagaje emocional de la experiencia.

[Trazas]

Libro arena derramada y mecanismos de reloj dibujando la danza de su circunferencia. 280 x 112 x 85 cm de altura.





Muestra el índice segundero que hay vida, y su percusión de ritmo cardíaco acentúa el instante presente con una nota que, multiplicados los instantes, llegan a interpretar melodías variables que registran la elasticidad del tiempo y la maleable percepción que tenemos de este. Segundo tras segundo, nota a nota, palpitación seguida de palpitación, componen un LIBRO DE AHORAS que marcan la pauta -o partitura- de sus pulsaciones.





































LIBRO DE AHORAS [polifonía]

Melodía de segundos sobre campanas. 148 x 82 cm. Hasta el techo.



Tal cual mercado de futuros, la preocupación constante por el tiempo se ve reflejado en unos dados quietos bajo una campana de cristal, añorando el azar mientras en porcelana frágil auguran la incógnita en cada una de sus caras de puntos suspensivos.




































[Índice]

Dados de porcelana e incertidumbre. 33 x 28 x 21 cm.



Julio Cortázar escribe: "Un fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír, fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa o alcaucil, que de una y otra manera puede y debe decirse.

El reloj alcaucil de este cronopio es un alcaucil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alcaucil marcan la hora presente y además todas las horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento, entonces se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero."

De: Historias de cronopios y de famas.




























LIBRO DE AHORAS [o alcaucil]

Relojes que invitan a la promesa del cambio desde este mismo momento. Impresión de texto sobre hojas en blanco de libros viejos. Diversas medidas.




Sobre el pecho un mecanismo continuo de segundos golpean levemente el cristal y marcan el ritmo cardíaco de unas palabras que sustentan la conciencia del paso del tiempo mientras resuenan entre ecos marcados de un corazón dolorido.




LIBRO DE AHORAS [o caja torácica]

Relojes de ritmo cardíaco sobre poema de fondo. 50 x 38 x 8 cm.






























El recinto sacro del tiempo vivido almacenado en la memoria como una urna de fragmentos

inconexos, recortes de aquellos momentos que se acumulan en el espacio de un marco ovalado.





























ÁLBUM [o un ramo de horas secas]

Fragmentos de textos apuntalados en forma de ramo, ofrenda de memoria. 38 x 30 x 8 cm.





Atrás quedan fragmentos de días vividos y pasados, recordados y etiquetados. Como si de un otoño se tratara, caen caducos los meses de las ramas de la vida.





























[De hoja caduca]

Hojas de calendario y sus revelaciones. 32 x 16 x 3 cm.