LA NADA COMO PLENITUD, por Gemma del Olmo Campillo.

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"La nada, estupor de la razón, comienza a insinuarse en la búsqueda eterna y nunca saciada de la trascendencia, una inclinación surgida de lo más profundo del ser humano que se convierte en deseo, deseo de sentido. Anhelo de luz que se desliza entre los dedos.

Difícil de expresar en palabras, la nada despierta un sentimiento de verdad y libertad del que quizá no sea posible desprenderse porque estimula una mirada que permite ver lo que antes estaba en penumbra, oculto, apenas dibujado. Lo que antes parecía impenetrable, en un instante comienza a apreciarse, balbuceante, nace la atracción por el misterio.


Nada reiterada...

Instalación 87 páginas del libro "Nada", de Carmen Laforet. 500 x 240 cm. de altura.


Lo inefable, curiosamente, se convierte en un espacio en el que la existencia cobra otro sentido, y la disputa entre lo decible y lo no decible se desvela ámbito de la verdad que está siendo pero que todavía no se ha dicho o no puede decirse. Es en la contemplación de una verdad tan viva e íntima donde se puede oír la voz que responde al deseo, reflejo de la singularidad de cada cual, para formar parte de lo infinito, en una perfecta imbricación de lo humano y lo divino, porque lo espiritual trasciende el mundo, pero se revela en el mundo, en la vida cotidiana, en el cuerpo.

Esto se puede apreciar extraordinariamente en la relación que tuvieron las místicas con la nada, sus escritos muestran momentos de éxtasis donde son arrebatadas por lo divino después de abrazar la nada, instantes en los que alcanzan la felicidad. Escucharon la sabiduría inscrita en su cuerpo, en su alma, sin hacer caso de reglas que no compartían, que consideraban equivocadas, ellas sabían dónde habitaba la belleza.

El Dios-Amor que, por ejemplo, podemos encontrar en Margarita Porete o en Teresa de Jesús desde luego no estaba en las normas impuestas desde fuera sino dentro de ellas mismas, pues su Dios era reflejo de su propia espiritualidad, de lo divino que había en ellas. Vaciaban su alma colmada de deseo para llenarse de la nada y cuanto más cerca estaban de la nada más cerca estaban de la plenitud. Plenitud que quisieron compartir, pues revelaron la sabiduría de su relación con lo excelso, la clave para encontrar la libertad de decir(se). Una búsqueda de sí en lo sublime, en la belleza y en la verdad disponible para todo el mundo. Porque lo espiritual forma parte de nuestra vida, es un aliento necesario para nuestra existencia.




Del instante en los ojos nada...

Papel, instalación eléctrica, base madera. 32 x 42 cm.


Pero el misterio de la nada no es exclusivo de la fe, no sólo nos puede descubrir lo divino, también nos trae lo bello, la verdad... Porque la nada es fértil, rica, generosa, femenina; poco tiene que ver con las posturas nihilistas que dan la espalda a la vida, los sueños, los anhelos y el misterio. La nada no es una especulación ni un término inverosímil, es una reverberación constante que apunta a lo irreductible, una fuente de inspiración que se muestra en la literatura, la poesía, las artes plásticas... No obstante, la ingratitud de las posturas nihilistas ha dejado tras de sí un rastro de devastación que ha soterrado lo que de verdad es la nada, porque la nada únicamente revela, ni se defiende ni aniquila.

La nada no desprecia lo que hay, es una invitación al misterio de lo inasible, al enigma reflejado en el lenguaje y los recuerdos, los signos y las creencias. La nada es presencia de lo ausente, pero presencia. Nunca ha estado huida del arte, ni de la ciencia, ni de la filosofía. Su existencia, callada, silenciosa, ha inundado los distintos ámbitos en los que el ser humano ha atesorado su saber, porque en la nada palpita la magia, el azar y lo divino, aspectos que se encuentran en el conocimiento desarrollado por el ser humano.




Lugar en nada...

Restos o despojos del libro "Nada". 30 x 30 x 34 cm.


Aunque resulte sorprendente, la nada es una parte esencial del decir, una oquedad en la que alojar significados nuevos, ideas inesperadas, sentimientos profundos. Es una apertura máxima que, en su exceso de ausencia y vaciamiento, abre la posibilidad —y el temor— de dar un espacio a lo inesperado, a lo imprevisible. Sin embargo, no pertenece a ningún ámbito en especial porque todo contenido abandona la nada para dejar paso a lo absoluto. Sin destruir. El aire encuentra vacíos que llenar, espacios que transformar, lugares en los que reposar. La vida y la realidad se transforman. La nada habita en el ser y apuesta por el cambio.

Todas las cosas son y no son al mismo tiempo, la posibilidad de mirar lo que ha estado oculto está permanentemente abierta, siempre dispuesta para revelarse y sorprendernos, sólo es necesaria una mirada atenta, acogedora, que haga posible lo que parecía imposible, que desvele lo que estaba velado, que descubra lo que estaba oculto, para encontrar, por un instante, la belleza de la nada."



(soliloquio)

Espejo antiguo, palabras extraídas del libro "Nada" que describen el reflejo de un cuerpo sobre su superficie. 110 x 101 x 14 cm.



EL ECO DE LA PALABRA EN LENGUA MATERNA, por Assumpta Bassas Vila.
Open publication




De todo el libro el cuerpo en vilo...

Fotografía de fragmentos de piel con la trama de sus cortes. Diversas medidas.